Síndrome miofascial del piso pélvico: una causa oculta de dolor pélvico
Cuando una mujer acude a consulta con dolor pélvico crónico, espasmos vaginales, dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) o sensación de presión perineal, es común que se sospeche de infecciones, endometriosis o incluso problemas intestinales o urológicos. Pero hay una causa menos conocida, aunque no por ello infrecuente, que muchas veces pasa desapercibida: el síndrome miofascial del piso pélvico.
En este post te explicaré qué es, cómo se diagnostica, cuáles son las causas más comunes y qué tratamientos pueden ayudarte si vives con esta condición.
¿Qué es el síndrome miofascial del piso pélvico?
El término «síndrome miofascial» se refiere a un trastorno musculoesquelético en el que ciertos músculos desarrollan lo que llamamos puntos gatillo o puntos dolorosos. Estos puntos son zonas de tensión mantenida dentro del músculo que generan dolor pélvico local o irradiado, disfunción y contractura persistente.
Cuando estos puntos gatillo se encuentran en los músculos del piso pélvico (como el elevador del ano, el obturador interno, el puborrectal o el coccígeo), pueden desencadenar síntomas complejos que afectan no solo de forma ginecológica, sino también la urinaria, digestiva y sexual.
¿Qué síntomas causa?
Los síntomas pueden variar de una paciente a otra, pero los más frecuentes incluyen:
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- Dolor pélvico profundo o difuso
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- Dolor durante o después de las relaciones sexuales (dispareunia)
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- Sensación de presión vaginal o anal
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- Dificultad para orinar o vaciar completamente la vejiga
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- Dolor rectal o sensación de cuerpo extraño
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- Estreñimiento o necesidad de pujo excesivo
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- Espasmos vaginales o anales
Una característica importante del síndrome miofascial es que el dolor pélvico se acentúa con el uso o la activación de los músculos afectados: al sentarse, al mantener relaciones sexuales, al evacuar o al realizar actividad física.
¿Por qué ocurre?
Este síndrome no tiene una sola causa, sino que suele ser el resultado de una combinación de factores:
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- Trauma previo: como partos difíciles, episiotomías, cirugías pélvicas o caídas sobre el coxis.
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- Estrés crónico: muchas pacientes con disfunción miofascial presentan antecedentes de estrés, ansiedad o estados de hipervigilancia corporal, lo que genera una contracción persistente del suelo pélvico.
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- Disfunción del uso muscular: algunas mujeres desarrollan el hábito inconsciente de mantener su piso pélvico contraído (hipertonía), como respuesta a dolor, miedo o inestabilidad corporal.
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- Dolor referido: trastornos como la endometriosis, cistitis intersticial o síndrome de intestino irritable pueden generar un fenómeno de “hiperactividad refleja” del piso pélvico.
El resultado es un ciclo de dolor-tensión-dolor, en el que el músculo se contractura, genera más dolor, y eso perpetúa la disfunción.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico es clínico, basado en la historia detallada y una exploración física cuidadosa realizada por un especialista entrenado en piso pélvico.
Durante el examen, se palpan los músculos del piso pélvico (incluso a través de tacto vaginal o rectal) y se identifican puntos dolorosos específicos que reproducen los síntomas del paciente. En ocasiones, se puede notar espasticidad muscular, falta de relajación o incluso contracciones involuntarias al intentar realizar una exploración.
No hay estudios de laboratorio ni imágenes que confirmen el diagnóstico, aunque el ultrasonido de alta resolución y la electromiografía del suelo pélvico pueden ser útiles para valorar el estado muscular y guiar el tratamiento.
¿Cuál es el tratamiento?
El tratamiento del síndrome miofascial del piso pélvico debe ser multidisciplinario y personalizado. Las estrategias más eficaces incluyen:
1. Rehabilitación de piso pélvico
En algunos casos se utilizan:
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- Estimulación eléctrica transvaginal o anal para modular el tono muscular
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- Ondas de choque de baja intensidad, que mejoran el flujo sanguíneo y relajan el músculo
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- Electromiografía de superficie para entrenamiento neuromuscular
3. Infiltraciones de puntos gatillo
En casos severos o refractarios, puede ser útil infiltrar los puntos dolorosos con anestésico local o incluso toxina botulínica tipo A (BoNT-A), lo cual produce una relajación profunda del músculo.
Estas técnicas deben realizarse bajo guía ecográfica y por un profesional con experiencia.
4. Psicoterapia y manejo del estrés
En muchas pacientes es clave abordar el impacto emocional del dolor crónico. La terapia cognitivo-conductual, el mindfulness y el trabajo en traumas pasados pueden facilitar la recuperación muscular.
5. Educación del paciente
Parte esencial del tratamiento es explicar a la paciente lo que está ocurriendo. Entender que el dolor tiene una base muscular y que es tratable reduce la ansiedad, el miedo al movimiento y mejora la adherencia terapéutica.
¿Cuánto tiempo toma mejorar?
La evolución varía según la cronicidad del cuadro, el nivel de tensión muscular y los factores asociados (trauma, estrés, comorbilidades). Muchas pacientes experimentan mejoría significativa en las primeras 6-8 semanas de tratamiento consistente, aunque la resolución completa puede tomar varios meses.
Es importante recalcar que este es un síndrome tratable y que, con el enfoque correcto, la gran mayoría de las pacientes puede recuperar su calidad de vida.
Conclusiones
El síndrome miofascial del piso pélvico es una causa frecuente pero subdiagnosticada de dolor pélvico crónico. Reconocer sus síntomas, realizar una exploración muscular adecuada y aplicar un enfoque terapéutico integral puede marcar una gran diferencia en la vida de muchas mujeres.
Si presentas síntomas compatibles o llevas tiempo buscando respuestas sin encontrar una causa clara, considera una evaluación especializada en piso pélvico. A veces, el problema no está en los órganos… sino en los músculos que los sostienen.