Incontinencia urinaria y menopausia.

Semana Mundial de la incontinencia.

Incontinencia urinaria y menopausia.

La incontinencia urinaria es una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo, especialmente a mujeres a partir de los 45 años. Se define como la pérdida involuntaria de orina, y puede manifestarse de forma leve (goteos) o severa (escapes completos), interfiriendo en la calidad de vida, la autoestima y la salud emocional de quien la padece.

¿Qué tipos de incontinencia existen?

Existen varios tipos de incontinencia urinaria, siendo los más comunes:

  • Incontinencia de esfuerzo: ocurre al toser, estornudar o hacer ejercicio.

  • Incontinencia de urgencia: cuando se siente una necesidad repentina y urgente de orinar.

  • Mixta: combinación de ambas.

Aunque puede presentarse a cualquier edad, la menopausia marca un antes y un después en la salud urogenital femenina, siendo uno de los momentos de mayor incidencia.

¿Qué relación tiene la incontinencia urinaria con la menopausia?

Durante la menopausia, los niveles de estrógeno disminuyen significativamente. Esta hormona es clave para el buen funcionamiento del tracto urinario y del suelo pélvico. Su carencia provoca:

Todo ello puede favorecer la aparición o empeoramiento de la incontinencia urinaria, especialmente en mujeres que han tenido partos vaginales, cirugías pélvicas o antecedentes familiares.

¿Existen tratamientos eficaces para solucionar la incontinencia?

Afortunadamente, existen múltiples abordajes terapéuticos que permiten recuperar calidad de vida:

  • Ejercicios de Kegel y fisioterapia del suelo pélvico

  • Tratamientos hormonales locales (estrógenos vaginales)

  • Dispositivos intravaginales o pesarios
  • Cirugía mínimamente invasiva, en casos graves

Es fundamental un diagnóstico personalizado realizado por un profesional de la salud, idealmente un ginecólogo especializado en uroginecológica.

¿Cómo afecta a la salud mental de las mujeres?

La incontinencia urinaria en mujeres menopáusicas no solo tiene consecuencias físicas, también impacta profundamente en la salud mental. Muchas mujeres sienten vergüenza, frustración o evitan actividades sociales por miedo a un escape. Este aislamiento puede derivar en cuadros de ansiedad o depresión.

Por ello, es clave:

  • Hablar abiertamente del tema con el profesional de salud.

  • Buscar redes de apoyo y grupos de acompañamiento.

  • Incluir la salud emocional en el tratamiento: terapia psicológica, mindfulness o técnicas de relajación.

La incontinencia urinaria no debe vivirse en silencio. Con información, acompañamiento y tratamientos adecuados, es posible recuperar el bienestar físico y emocional. En la Semana Mundial de la Continencia Urinaria 2025, recordamos que cuidar la  salud urogenital de nuestras pacientes también es cuidar su salud mental.

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